*Narra
Liam
Había pasado dos meses desde la última vez que nos habíamos visto y aunque todos los días hablábamos por el móvil y nunca habíamos perdido el contacto la echaba de menos. Faltaban sus sonrisas, sus abrazos...
Ya se había acabado el verano y con ello también había pasado mi cumple en el cual me convertí mayor de edad. Kate había sido la primera en felicitarme y me prometió un regalo aunque le dije que no hacia falta pero me dijo que sí y bueno tampoco quería quitarle la ilusión así que al final cedí.
Yo por mi parte quería dar un paso pero a la vez me daba miedo no por la respuesta que iba a recibir de su parte sino por como lo haríamos para poder vernos más ya que quería proponerle que fuera mi novia. Sabía que me iba a decir que sí porque en algunas de nuestras muchas conversaciones tanto ella como yo dejamos entre ver que no nos queríamos como simples amigos y a mí por lo menos cada vez que hablaba con ella una tonta sonrisa salía en mi cara y miles de mariposas se hacían presentes en mi estómago.
Hoy 26 de septiembre tenía que coger un coche que me iba a llevar a una escuela que habíamos fundado yo y mi familia para traer niños de África que no tuvieran familia y que necesitasen atención médica urgentemente. A esa escuela también iba Kate pero yo se supone que no tenía que ir aunque para mi buena suerte mi padre estaba enfermo y no podía moverse de la cama así que me tocaba ir en su representación. A Kate no le había dicho nada con la intención de darle una sorpresa.
En estos momentos estaba de camino, me faltaban unos 30 minutos para llegar al lugar.
*Narra Kate
Estos dos meses habían sido buenos y malos al mismo tiempo. Buenos porque hablaba con Liam todos los días y cada vez estábamos más unidos y nos queríamos más y malos porque no lo había vuelto a ver y no había podido felicitarle en persona por su cumple ni haberle dado el regalo que me costó convencerle pero que al final se resignó a aceptarlo.
Hoy no íbamos a poder habla en todo el día ya que tenía que ir a la escuela que habían fundado él y su familia aunque para mi mala suerte el no acudiría ya que su padre era el que más poder tenía y por lo tanto al que le tocaba ir.
En estos momentos me encontraba en la entrada de la escuela y todavía no habían llegado los reyes de Inglaterra así que aproveché para ir a saludar a los pequeños que se encontraban en las camas durmiendo o recuperándose.
La imagen que vi al entrar era desoladora, había como unos 30 niños en las camas y algunos de ellos no tenían más de un año. Casi todos estaba dormidos menos dos o tres, a los cuales les estaban atendiendo en estos momentos.
Me acerqué a la enfermera que estaba en la puerta sacando los que parecían vendas.
- Hola, perdone soy la princesa de Mónaco y he venido a visitar a estos pobres niños.
- Buenos días, alteza.
- Llámeme Kate, como se encuentran estos niños?
- Bueno en otra sala de juego hay como unos 40 y los de aquí son los que quedan por atender, por suerte todos están a salvo pero hay algunos que todavía van a necesitar de tiempo para recuperarse, los peores son los que están atendiendo ahora.
- Bueno supongo que son buenas noticias.
- Muy buenas, afortunadamente todos son niños fuertes, vaya a saludarlos, les encantará un poco de atención.
- Esta bien, si necesitan ayuda pienso quedarme unos días aquí.
- Gracias por su ayuda Kate, ya te diremos.
Sin más le sonreí y me dirigí a la niña de más o menos un añito que se encontraba llorando a causa del dolor. Parece ser que tenía muchas rozaduras...
- Buenos días, que tal está?
- Tiene muchas rozaduras y sino se las desinfectamos todas ya, le puede entrar cualquier enfermedad por mucha vacuna que le hayamos puesto.
- Bueno si quiere déjemela un momento, así va a descansar y a coger más material y mientras me quedo yo con ella y la entretengo...
- Me parece bien, se llama Sophie.
Se fue y me quedé con la niña que me miraba sonriente ya que le había quitado el dolor un poco. Enseguida que le empecé a hacer tonterías, me estiró los brazos para que la cogiera en brazos...
- Eres una niña adorable.
Ella solo me sonrió y ahí estuve con ella un rato. Después volvió la enfermera y después de decirle varias veces que enseguida volvería me dejó ir pero me seguía mirando con puchero.
Me acerqué al siguiente que estaban atendiendo y esta vez era un niño de unos dos años. Este no lloraba e incluso se le veía muy feliz y entretenido. Le estaban poniendo una venda en el tobillo y tenía otra en la mano.
- Buenas, que le ha ocurrido?
- Se debió de caer un día antes de venir o así y como estaba débil pues se rompió el tobillo y en la muñeca un esguince.
- No parece que le duela.
- Le hemos puesto calmantes por si le empezaba a doler así que si en estos momentos lo duele tampoco lo siente.
- Bueno por lo menos le quitamos ese sufrimiento.
- Pues sí, ahora me puede hacer un favor?
- Si está en mis manos sí.
- Quédese con él hasta que se duerma, es que es muy movido y sino no las vendas ni la escayola van a servir para que se le curen tanto el tobillo como la muñeca.
- Claro, yo me encargo, váyase a atender a otro niño tranquilamente.
- Gracias...Emm...
- Dígame Kate.
- Pues gracias Kate.
Se fue y me quedé con este niño que no se sabía su nombre pero pronto le pondrían uno o sino yo me encargaría.
- Bueno chiquitín hora de dormir...
Me miró con cara de puchero y cuando fui a tumbarlo se puso a llorar, estaba claro que no tenía ninguna intención de dormir así que lo cogí en brazos y ya se calló. Le empecé a tararear la primera nana que se me ocurrió u aunque al principio se resistía poco a poco fue cerrando los ojos hasta quedarse dormido..
- Eres alucinante!
- Liam?!?!?
Había pasado dos meses desde la última vez que nos habíamos visto y aunque todos los días hablábamos por el móvil y nunca habíamos perdido el contacto la echaba de menos. Faltaban sus sonrisas, sus abrazos...
Ya se había acabado el verano y con ello también había pasado mi cumple en el cual me convertí mayor de edad. Kate había sido la primera en felicitarme y me prometió un regalo aunque le dije que no hacia falta pero me dijo que sí y bueno tampoco quería quitarle la ilusión así que al final cedí.
Yo por mi parte quería dar un paso pero a la vez me daba miedo no por la respuesta que iba a recibir de su parte sino por como lo haríamos para poder vernos más ya que quería proponerle que fuera mi novia. Sabía que me iba a decir que sí porque en algunas de nuestras muchas conversaciones tanto ella como yo dejamos entre ver que no nos queríamos como simples amigos y a mí por lo menos cada vez que hablaba con ella una tonta sonrisa salía en mi cara y miles de mariposas se hacían presentes en mi estómago.
Hoy 26 de septiembre tenía que coger un coche que me iba a llevar a una escuela que habíamos fundado yo y mi familia para traer niños de África que no tuvieran familia y que necesitasen atención médica urgentemente. A esa escuela también iba Kate pero yo se supone que no tenía que ir aunque para mi buena suerte mi padre estaba enfermo y no podía moverse de la cama así que me tocaba ir en su representación. A Kate no le había dicho nada con la intención de darle una sorpresa.
En estos momentos estaba de camino, me faltaban unos 30 minutos para llegar al lugar.
*Narra Kate
Estos dos meses habían sido buenos y malos al mismo tiempo. Buenos porque hablaba con Liam todos los días y cada vez estábamos más unidos y nos queríamos más y malos porque no lo había vuelto a ver y no había podido felicitarle en persona por su cumple ni haberle dado el regalo que me costó convencerle pero que al final se resignó a aceptarlo.
Hoy no íbamos a poder habla en todo el día ya que tenía que ir a la escuela que habían fundado él y su familia aunque para mi mala suerte el no acudiría ya que su padre era el que más poder tenía y por lo tanto al que le tocaba ir.
En estos momentos me encontraba en la entrada de la escuela y todavía no habían llegado los reyes de Inglaterra así que aproveché para ir a saludar a los pequeños que se encontraban en las camas durmiendo o recuperándose.
La imagen que vi al entrar era desoladora, había como unos 30 niños en las camas y algunos de ellos no tenían más de un año. Casi todos estaba dormidos menos dos o tres, a los cuales les estaban atendiendo en estos momentos.
Me acerqué a la enfermera que estaba en la puerta sacando los que parecían vendas.
- Hola, perdone soy la princesa de Mónaco y he venido a visitar a estos pobres niños.
- Buenos días, alteza.
- Llámeme Kate, como se encuentran estos niños?
- Bueno en otra sala de juego hay como unos 40 y los de aquí son los que quedan por atender, por suerte todos están a salvo pero hay algunos que todavía van a necesitar de tiempo para recuperarse, los peores son los que están atendiendo ahora.
- Bueno supongo que son buenas noticias.
- Muy buenas, afortunadamente todos son niños fuertes, vaya a saludarlos, les encantará un poco de atención.
- Esta bien, si necesitan ayuda pienso quedarme unos días aquí.
- Gracias por su ayuda Kate, ya te diremos.
Sin más le sonreí y me dirigí a la niña de más o menos un añito que se encontraba llorando a causa del dolor. Parece ser que tenía muchas rozaduras...
- Buenos días, que tal está?
- Tiene muchas rozaduras y sino se las desinfectamos todas ya, le puede entrar cualquier enfermedad por mucha vacuna que le hayamos puesto.
- Bueno si quiere déjemela un momento, así va a descansar y a coger más material y mientras me quedo yo con ella y la entretengo...
- Me parece bien, se llama Sophie.
Se fue y me quedé con la niña que me miraba sonriente ya que le había quitado el dolor un poco. Enseguida que le empecé a hacer tonterías, me estiró los brazos para que la cogiera en brazos...
- Eres una niña adorable.
Ella solo me sonrió y ahí estuve con ella un rato. Después volvió la enfermera y después de decirle varias veces que enseguida volvería me dejó ir pero me seguía mirando con puchero.
Me acerqué al siguiente que estaban atendiendo y esta vez era un niño de unos dos años. Este no lloraba e incluso se le veía muy feliz y entretenido. Le estaban poniendo una venda en el tobillo y tenía otra en la mano.
- Buenas, que le ha ocurrido?
- Se debió de caer un día antes de venir o así y como estaba débil pues se rompió el tobillo y en la muñeca un esguince.
- No parece que le duela.
- Le hemos puesto calmantes por si le empezaba a doler así que si en estos momentos lo duele tampoco lo siente.
- Bueno por lo menos le quitamos ese sufrimiento.
- Pues sí, ahora me puede hacer un favor?
- Si está en mis manos sí.
- Quédese con él hasta que se duerma, es que es muy movido y sino no las vendas ni la escayola van a servir para que se le curen tanto el tobillo como la muñeca.
- Claro, yo me encargo, váyase a atender a otro niño tranquilamente.
- Gracias...Emm...
- Dígame Kate.
- Pues gracias Kate.
Se fue y me quedé con este niño que no se sabía su nombre pero pronto le pondrían uno o sino yo me encargaría.
- Bueno chiquitín hora de dormir...
Me miró con cara de puchero y cuando fui a tumbarlo se puso a llorar, estaba claro que no tenía ninguna intención de dormir así que lo cogí en brazos y ya se calló. Le empecé a tararear la primera nana que se me ocurrió u aunque al principio se resistía poco a poco fue cerrando los ojos hasta quedarse dormido..
- Eres alucinante!
- Liam?!?!?


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