*Narra Kate
Habían pasado dos semanas desde la última vez que nos vimos Liam y yo en el acto benéfico. Estábamos saliendo oficialmente pero nadie lo sabía, queríamos comunicárselo a nuestras familias pero ambos sabíamos que esta unión no interesaba tanto en los temas económicos como sociales. En estas dos semanas habíamos hablado mucho y decidimos que tendríamos unas mini vacaciones juntas lejos de nuestras familias, sólo el y yo. Estaba ansiosa por verlo, necesitaba sus besos, sus mimos y sus sonrisas. Todo lo que había recibido en esos tres días se me había quedado grabado. Era el primer chico y tenía toda la pinta d que fuera a ser el único ya que no estaba dispuesta a dejarlo y a casarme con otro chico sólo por temas materiales. Siempre había pensado que un matrimonio se tiene que basar en el amor y que si no hay ese amor, no es un matrimonio sino dos personas unidas por unos papeles que lo utilizan para su propio beneficio.
En estos momentos me encontraba haciendo la maleta, habíamos conseguido una semana solo, queríamos más pero como siempre había que volver por temas de la alta sociedad. Acabe la maleta y baje, abajo estaban mis padres hablando sobre algo a lo que no preste atención, le di mi maleta al mayordomo que lo metió en el coche que me llevaría al aeropuerto privado y me acerque a mis padres para despedirme.
- Estás segura de que quieres ir sola?
- Sí, ya os he dicho que quiero desconectar y coger toda la paciencia posible para soportar los actos que empiezan dentro de semana y media.
- Siempre tan dramática hija, pero si quieres ir, ve. Pásatelo bien.
- Gracias papas, hasta pronto!
Me fui sin dejar que me dijesen nada más y me monte en el coche rumbo al avión que me llevaría a las islas perdidas que habíamos elegido entre Liam y yo. Cogí el avión y decidí dormir y pensar en mi guapísimo novio que también estaba de camino a esas islas. Para evitar cualquier tipo de chivateo decidimos que los aviones nos dejasen en zonas distintas de la isla y así evitar cualquier tipo inconveniente.
*Narra Liam
Me encontraba haciendo la maleta. Sólo íbamos a pasar una semana juntos pero pensaba comentarle el hacerlo oficial y así poder vernos más a menudo. Además antes o después teníamos que vencer nuestro miedo a que no aceptasen nuestro noviazgo. Nosotros habíamos sido muy felices en esos pocos días y también en la fiesta en la cual nos conocimos. Sabía que nos iba a costar mucho y que lo pasaríamos mal en especial ella ya que sus padres eran mucho más estrictos que los míos. Pero bueno eso ahora mismo no quería pensar. Estaba decidido a pensar en la gran semana que íbamos a pasar mi preciosa novia y yo en esas islas las cuales muy poca gente conocía y las que en esos momentos se encontraban vacías. Mis padres no me pusieron ningún impedimento y además pensaron que era una buena idea desconectar. Así que una vez hecha la maleta, baje y me despedí de mi familia. Con mi padres fue fácil ya que nos queríamos pero no era la primera vez que no nos fuésemos a ver en una semana. Sin embargo con mía hermanas y sobre todo Ashley fue difícil. Todos los días teníamos un rato para nosotros dos y durante esta semana no íbamos a tenerlo. Ella me quería muchísimo y nunca me había ausentado una semana, tres días o así pues varias veces por los actos que me tocaban cubrir pero por lo demás nunca. April también lo pasó un poquito mal pero bueno me dijo que cuidaría de Ashley y que intentaría cubrir mi ausencia con Ashley todo lo que pudiese. Después de aquello me monte en el coche y una vez en el aeropuerto cogí el avión privado que me llevo hasta las islas perdidas. Por el camino dormí un poco y cuando llegue allí fui al sitio donde nos íbamos a encontrar. Cuando llegue justo llegaba ella del otro lado y al segundo de que se cruzasen nuestras miradas dejamos todo y echamos a correr para alcanzarnos. Cuando nos abrazamos, mariposas se hicieron presentes en mi tripa. Después de unos cinco minutos abrazados diciéndonos lo mucho que nos queríamos, nos separamos y nos fundimos en un dulce beso que pronto se convirtió en uno un poco más apasionado y donde entraron en un juego nuestras lenguas. Cuando nos separamos, cogimos nuestras cosas y fuimos a una de las casitas que había. Entramos y nos quedamos alucinados por lo bonita y acogedora que la casita. Tenía una gran cocina, un gran salón y luego estaba la puerta del que sería nuestro cuarto y la del baño. Fuimos al cuarto y al igual que el resto de la casita, era precioso. Dejamos nuestras maletas ahí y decidimos ir un rato a la playa a relajarnos. Nos contamos muchas cosas y sobre todo nos dimos todos los besos y abrazos que no nos habíamos dado en esas dos semanas que habíamos pasado separados.
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